Desde los albores de la humanidad, la historia de la medicina ha acompañado al hombre. El tratamiento de las enfermedades en la prehistoria comenzó probablemente a través del contacto con la naturaleza, con la observación de los comportamientos de los animales, con la curiosidad intrínseca del ser humano y con la experiencia acumulada tras la ingestión accidental o provocada de algunas especies vegetales.
Para ilustrar este concepto podemos citar la “Leyenda de la Celidonia” (Chelidonium majus) o “hierba golondrinera” (en griego a la golondrina se le llama ''khelidôn'') citada por Dioscórides y por Plinio el Viejo: algunas golondrinas exprimen este vegetal en los ojos de sus crías o les dan de comer de sus tallos, para destruir la membrana ocular que les impide la visión en sus primeros momentos de vida. O el caso de algunas serpientes que a la hora de mudar de piel acuden a frotarse a un árbol de corteza rugosa y seguidamente a donde crece el musgo para re hidratarse con su humedad, o el de algunos perros que comen hojas de anís para desintoxicarse de indigestiones estomacales o a otros animales que se valen de hierbas y plantas para beneficiarse de sus propiedades medicinales.
En las primitivas comunidades, los hechiceros y curanderos utilizaban en sus ritos plantas medicinales, sustancias animales y sustancias orgánicas e inorgánicas para sanar a los enfermos. Los sanadores estaban familiarizados con la flora del lugar donde residían, con sus facultades medicinales y tóxicas, y con sus efectos secundarios, sirviéndose además de ritos, ademanes, indumentarias y actitudes o palabras mágicas; así el efecto curativo se veía reforzado por la adición de los “poderes mágicos” del curandero.
El uso de la flora medicinal en la medicina tradicional china data de hace unos 10.000 años. De esa medicina se han catalogado unas 7.000 especies diferentes y se ha desarrollado un peculiar sistema de tratamiento que se basa más bien en el gusto, el olor y la temperatura de la planta, que en los estudios farmacológicos. Entre los textos más antiguos figura el Pen Tsao (año 2.800 a. c.) que cita plantas conocidas como el alcanfor o el ginseng.
En el mundo occidental se conoce la existencia de herbarios desde la época de los asirios, los babilonios, los fenicios, los sumerios y los egipcios. En la mitología egipcia Isis era la diosa de la salud y se le consideraba instructora de las leyes de la vida y de la salud, además de los métodos de cultivo de los alimentos y especies medicinales. El famoso papiro de Ebers, del año 1.700 a.c. cita aproximadamente 700 plantas utilizadas con fines medicinales, entre ellas el ajo, que se daba a los esclavos que construían las pirámides para preservarlos de las pestilencias.
En Grecia y Roma se inicia la medicina alrededor del siglo IV a.c. con Alcmeón de Crotona y se desarrolla hasta el año 476 d.c. (hasta la caída del Imperio Romano). En este período se hace notar la influencia religiosa, Galeno da las bases técnicas para la preparación de las principales formas farmacéuticas. Se distinguen, igual que se hacía en Egipto, los fármacos de uso externo (pomadas, lociones, ungüentos…) de los de uso interno (infusiones, decocciones, fermentaciones…), según escritos de Dioscórides se descubre la “terra sigillata”, que permite crear pastillas preparadas. Este hombre (Dioscórides, el mismo de la Leyenda de la Celidonia) es el llamado padre de la farmacología y es quien consolida la separación de la farmacia y la medicina en el Medio Oriente, siendo los árabes los encargados de esta separación. Posteriormente Avicena describirá varias formas farmacéuticas para administrar los medicamentos: papelillos, tabletas, jarabes, polvo, ungüentos, baños aromáticos, aceites, tinturas, gotas medicinales, laxantes, lavativas, etc.
Al caer el Imperio Romano, Bizancio conserva, inicialmente, en fase de esterilidad la ciencia grecorromana. Mientras tanto, la Civilización Árabe absorbe la ciencia griega y romana, le hace aportaciones y la transmite al mundo occidental. Durante este período se tienen los primeros indicios de la existencia de Farmacias.
Durante el Renacimiento, aparecen los elaboratorios, llamados así por ser el lugar en donde se elaboraban los medicamentos. Estos, posteriormente, crean las boticas (que proviene de la voz griega apotheka, almacén o tienda de víveres) como lugares para poner a la venta los medicamentos ya elaborados. Muchos de estos elaboratorios y boticas eran creados por monjes quienes cultivaban hierbas y plantas y elaboraban medicinas y ungüentos para la enfermería del convento. Productos como Agua della Regina, Olio da bagno ó Aqua di lavanda tienen tal éxito que es cuando deciden venderlos directamente al público a través de las boticas (también llamadas apothicaria o apothecaria).
Después, durante los siglos XVII y XVIII en adelante, las funciones de los boticarios y de los elaboratorios pasarían paulatinamente a manos de empresarios privados, quienes con el transcurrir del tiempo le cambiarían el nombre a los elaboratorios por el de laboratorios y a las boticas les llamarían farmacias, que es como las conocemos en la actualidad.